El ambiente estaba muy conmocionado, al abrir la puerta y recibir tantos aplausos y algarabías, Benjamín, un niño de 5 años, brincó y saltó, todo parecía que los aplausos que la gente daba era para él, al ver que él se acercaba más a sus familiares y la gente miraba más arriba de él.... decidió mirar atrás y viendo esa imagen de esa persona tan grande para él, se dio

cuenta que los aplausos era para su padre, quien estaba de cumpleaños...
No nos equivoquemos, como hijos de Dios no se nos puede olvidar que el único merecedor de honra, alabanza y adoración es nuestro Dios. Aunque Él nos permita estar delante, acordémonos que todos los aplausos, reconocimientos y posiciones de servicios NO son para nosotros sino para el que está con nosotros: Jesucristo el Hijo de Dios. Pues, "es necesario que Él crezca y que nosotros mengüemos".

¡Gracias una vez más por el apoyo de ustedes!

Pastor José Alberto Almonte C.
Miembro del Comité Ejecutivo